La obesidad está relacionada con un número significativo de problemas de salud, incluyendo la resistencia a la insulina, cáncer, y otros, y ahora los investigadores podrían haber descubierto la razón de porqué  pasa esto.

Aunque la mayor parte de sus tejidos y órganos envejecen al mismo ritmo, ciertos factores podrían acelerar el envejecimiento.

Por esta razón, es posible que sea “más viejo” de lo que su edad cronológica indica, o ciertos órganos podrían estar más envejecidos que otros–una medida conocida como “la edad epigenética”.

Uno de esos factores que estaba vinculado a una aceleración del envejecimiento epigenético, es la obesidad, en particular en el hígado.

La Obesidad Acelera el Envejecimiento Hepático

Una reciente investigación descubrió que, si es obeso, su hígado podría envejecer más rápidamente que el resto de su cuerpo, lo cual le pone en riesgo de enfermedades crónicas.

La cirugía para la obesidad no tuvo ningún efecto aparente sobre la edad del hígado, incluso cuando causó una rápida pérdida de peso. Además, la obesidad no parece afectar al envejecimiento de las grasas, músculos, o sangre–sólo el hígado.

Hovath y sus colegas fueron capaces de medir la edad epigenética precisa en muestras de hígado usando un “reloj epigenético” que Hovath desarrolló. Se basa en la metilación del ADN, un proceso a través del cual un grupo metilo (un átomo de carbono unido a tres átomos de hidrógeno) se agrega a una parte de una molécula de ADN.

La Conexión de la Fructosa: ¿Cómo Provoca Tanta Obesidad como Daño Hepático?

La razón por la que la obesidad podría acelerar el envejecimiento del hígado podría estar relacionada con una causa subyacente tanto del aumento de peso como del daño hepático: la fructosa. Es posible que ya esté enterado de que la fructosa—el azúcar que se encuentra en todo, desde el jarabe de maíz de alta fructosa y el jugo de frutas hasta el jarabe de agave y la miel–es perjudicial cuando es consumida en exceso.

Esto es precisamente lo que hacen la mayoría de las personas. Sin embargo, es posible que se sorprenda al saber que, en muchos aspectos, la fructosa es muy similar al alcohol en cuanto al daño que puede ocasionar a su cuerpo… y a su hígado.

A diferencia de la glucosa, la cual puede ser utilizada por casi todas sus células corporales, la fructosa sólo puede ser metabolizada por el hígado, debido a que su hígado es el único órgano que tiene el transportador para realizar esta función

Dado que casi toda la fructosa es transportada a su hígado, y, si lleva una típica alimentación estilo occidental, come grandes cantidades de la misma, la fructosa termina cobrándole la factura y daña a su hígado en la misma forma que lo hacen el alcohol y otras toxinas. De hecho, la fructosa es prácticamente idéntica al alcohol con respecto a los estragos metabólicos que ocasionan.

Según el Dr. Lustig, Profesor de pediatría en la división de endocrinología de la Universidad de California, dice, la fructosa es una “toxina hepática crónica, dependiente de la dosis”. Y al igual que el alcohol, la fructosa se metaboliza directamente en grasa—no en energía celular, como la glucosa.

La Fructosa Es la Principal Causa de la Epidemia de Obesidad

La fructosa no solo daña el hígado; también es una causa principal que alimenta la epidemia de la obesidad en adultos y niños. Para que pueda ganar peso de forma significativa, primero debe tener resistencia a la leptina . La leptina es una hormona que ayuda a regular el apetito. Cuando los niveles de leptina aumentan, esto le indica al cuerpo que está lleno, por lo que deja de comer.

Sin embargo, a medida que se hace más resistente a los efectos de la leptina, termina comiendo más. Muchas personas que tienen sobrepeso también tienen un deterioro en la capacidad de su cuerpo para oxidar la grasa, lo cual ocasiona bajos niveles de energía. Ahora la pregunta es: ¿Qué es lo que impulsa a este proceso básico?, en primer lugar ¿Por qué se hace resistente a la leptina?

La Universidad de Colorado  en la investigación   llevada a cabo durante los últimos 25 años, la mayor parte de su investigación (la cual es financiada por los Institutos Nacionales de Salud) se centró en la fructosa y las enfermedades relacionadas con la obesidad.

Su hipótesis es que, en vez de ser impulsado a consumir demasiadas calorías y la falta de ejercicio, la obesidad es causada principalmente por consumir demasiada cantidad de azúcar refinado, particularmente la fructosa.

La investigación del Dr. Johnson muestra claramente que el azúcar refinada (especialmente la fructosa) es excepcionalmente efectiva en provocar la resistencia a la leptina en los animales, y es muy eficaz en bloquear el proceso de quemar grasas.

Cuando  se  provee fructosa a los animales, pierden su capacidad de controlar su apetito, comen más, y hacen menos ejercicio. La fructosa parece desempeñar un papel directo en el aumento de peso“, dice.

Su investigación también revela que la fructosa tiene efectos independientes a este mecanismo, para inducir este síndrome metabólico. Aunque la fructosa aumenta el peso a través del mecanismo estándar de estimular más el consumo de alimentos y bloquear el proceso de quemar grasas, incluso cuando controla el consumo calórico, la fructosa puede afectar a la composición corporal.

Esto se debe a que cuando consume fructosa, en realidad genera más grasa en el hígado para la misma cantidad de consumo de energía, en comparación con otros tipos de azúcar… Por ejemplo, si restringe calóricamente a un animal, pero le proporciona una alimentación rica en fructosa o una alimentación alta en azúcar, aun producirá un hígado graso y se volverá resistente a la insulina. De acuerdo con el Dr. Johnson, la fructosa tiene dos efectos:

 

  • Estimula el aumento de peso al afectar su apetito y bloquear la quema de grasas
  • También cambia su composición corporal para aumentar la grasa corporal, incluso cuando se encuentra en una restricción calórica

 

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