La investigación científica como la experiencia personal han demostrado que lo que comemos afecta nuestra forma de pensar y nuestra forma de actuar.
Sin embargo, la mayoría de la gente no reconoce la conexión entre lo que come y su estado de ánimo. Detente y piensa por un momento en cómo te sientes durante el día. ¿A veces te sientes confuso y cansado después de comer?

¿Enojado e irritable entre comidas? ¿Energizado después una buena comida?

Los alimentos, sin duda, cambian tu estado de ánimo. Los ejemplos más extremos son el café o el alcohol, que cambian tu estado de ánimo en cuestión de minutos. Por esta razón, ni siquiera los clasificó como alimentos sino como drogas. La dieta estadounidense estándar, alta en carbohidratos procesados y carne animal de mala calidad, al mismo tiempo que carece de verduras, frutas y agua, hace que la mayoría de las personas sufren de mal humor.
Es difícil sentirse inspirado y feliz cuando se vive bajo el efecto de los químicos artificiales, propios de la comida chatarra. Julia Ross, autora del libro La cura del estado de ánimo y pionera en el campo de la psicología de la nutrición, se refiere a esta relación como la ley de la desnutrición.

La actual epidemia de mal humor está, sin duda, vinculada a la epidemia de deterioro de la calidad y cantidad de alimentos que se consumen: estados de ánimo chatarra proviene de alimentos chatarra, señala en su libro.  Gaseosas, chocolates, helados, papas fritas y botanas son alimentos
de fácil acceso a los que la gente acude cuando se sienten de mal humor; pero, la ironía es que estos alimentos son una parte importante del problema.
La sal puede alterar tu estado de ánimo y hacer que te sientas tenso. El azúcar puede exaltarte y hacer que te sientas energizado. Cuando tu nivel azúcar en la sangre aumenta, te sientes ¡súper bien! Pero tan pronto como se va la sensación, te sientes como si el mundo está llegando a su fin.